Las autoridades australianas anunciaron este domingo una ampliación del despliegue de drones para vigilar la presencia de tiburones durante todo el año en las playas de Sídney y otras zonas del estado a partir del 1 de julio, tras registrarse un incremento en el número de ataques y avistamientos.
El Gobierno del estado de Nueva Gales del Sur detalló que invertirá 34 millones de dólares australianos adicionales (cerca de 20,6 millones de euros) en estos dispositivos, incorporando inteligencia artificial (IA) y tecnologías emergentes para lograr una «ampliación mayúscula» de la cobertura de vigilancia.
Con esta partida, la inversión destinada a la «mitigación del riesgo de tiburones» en la región ascenderá a 120 millones de dólares australianos (72,6 millones de euros) durante los próximos dos años, según precisó el Ejecutivo estatal en un comunicado.
«Aunque nadie puede garantizar la ausencia total de interacciones con tiburones, esta inversión busca multiplicar los ‘ojos en el cielo’ para detectar a los escualos con mayor antelación y alertar con claridad a los bañistas», declaró el primer ministro del estado, Chris Minns.
Dentro de este programa, gestionado por los servicios de salvamento marítimo, se vigilarán diariamente unas 70 playas de Nueva Gales del Sur, de las cuales 38 se encuentran en Sídney.
Ola de incidentes en el litoral
Este refuerzo de la vigilancia aérea responde a una reciente serie de incidentes en el país. A mediados de junio, una nadadora tuvo que ser evacuada del agua con heridas de gravedad en Coogee Beach, una concurrida playa cercana a Sídney. Tras el suceso, se desplegaron helicópteros y motos acuáticas para localizar al animal, y varias playas fueron clausuradas de forma preventiva.
Asimismo, entre mayo y junio, tres buceadores perdieron la vida a causa de ataques de tiburones: dos de ellos en el estado de Australia Occidental y el tercero en Queensland. Previamente, en enero, un menor de 12 años falleció tras ser mordido por un escualo mientras nadaba en el propio puerto de Sídney.
Históricamente, Australia ha registrado cerca de 1.300 encuentros entre humanos y tiburones desde 1791, de los cuales más de 260 resultaron mortales.





















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